Soy exvicepresidente de RRHH de Microsoft: he sido testigo de muchos malos jefes a lo largo de mi carrera y casi todos tenían estas 4 características

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Chris Williams tiene una larga trayectoria como vicepresidente de RRHH en Microsoft, y por ello sabe identificar perfectamente a los malos jefes.

Para él, los malos directivos suelen ser egocéntricos y estar demasiado centrados en su imagen. También tienen tanto miedo al fracaso que sus equipos entierran cualquier evidencia del mismo.

En mis más de 40 años de experiencia en el mundo de los negocios, el liderazgo y la consultoría, parte de los cuales he sido vicepresidente de Recursos Humanos en Microsoft, he visto a más de un mal directivo. Estas son las 4 características que casi todos ellos tienen en común:

1. Son egocéntricos

El rasgo más común que he visto en los malos directivos es una estima increíblemente alta de sí mismos. Todo gira en torno a ellos. Ya sea por ego o por pánico, los malos directivos siempre están preocupados por su imagen y por lo que los demás pensarán de ellos.

Los malos directivos siempre están preocupados por cómo serán vistos a los ojos de los otros: ¿parezco fuerte o débil?, ¿piensan que soy idiota?, ¿cómo me ven mis compañeros?, ¿y los que están por encima de mi jefe?.

Los malos jefes se preocupan por lo que su equipo piensa de ellos. Quieren desesperadamente que les admiren. Deben tener todas las respuestas, y en lugar de centrarse en los problemas, todo gira en torno a las apariencias. Quieren parecer fuertes, imperturbables, incluso invencibles ante su equipo.

Algunos directivos lo hacen por ego, queriendo ser el foco de todas las miradas y conversaciones. Quieren que su equipo trabaje de forma que también de una buena imagen de ellos. Quizá para mejorar su carrera o simplemente para sentirse bien consigo mismos delante de los demás.

Los egoístas son la excepción, no la regla. Los más comunes son los «preocupones»: los directivos nerviosos que se achican bajo el peso de su propio síndrome del impostor.

Se distinguen de los egoístas por su tímido enfoque de los problemas. Temerosos de quedar en evidencia, ponen la cara más valiente, pero en realidad es sólo una máscara para ocultar su incapacidad o su preocupación por qué dirán si algo sale mal. Sin darse cuenta de que rara vez los demás prestarán atención a eso.

Al no ver que lo que cuenta son los resultados, se preocupan por la imagen. Su imagen. Así que intentan controlar todos los aspectos de su presentación ante los demás.

En lugar de trabajar con su equipo para crear los resultados que les harían llamar la atención, hacen que todo gire en torno a sí mismos.

2. Están centrados en la información

La mayoría de los malos directivos se centran excesivamente en la implementación de sus procesos y no en los resultados del equipo.

Se preocupan por los empleados que llegan 2 minutos tarde o que van demasiado al baño. Vigilan cada movimiento de sus empleados y cada tecla que pulsan. Están constantemente pendientes de los trabajadores, pero no son capaces de discernir los resultados.

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